SOMP e inflamación crónica: relación, síntomas y cómo reducirla

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Lo esencial

¿Qué relación tiene la inflamación con el SOMP (SOP)?

El SOMP (SOP) se asocia a un estado de inflamación crónica de bajo grado. Los marcadores inflamatorios como la PCR ultrasensible, la IL-6 y el TNF-α están significativamente elevados en las mujeres con SOMP (SOP) (1). Esta inflamación altera el funcionamiento ovárico, favorece la sobreproducción de andrógenos y agrava la resistencia a la insulina, empeorando los síntomas del síndrome. Además, puede afectar a la calidad ovocitaria y al proceso de ovulación, repercutiendo en la fertilidad (2).

Índice

  1. 01. La inflamación: una reacción inmunitaria
  2. 02. Relación entre inflamación y trastornos del ciclo menstrual
  3. 03. Relación entre el SOMP (SOP) y la inflamación
  4. 04. Impacto de la inflamación crónica en la fertilidad
  5. 05. ¿Cómo reducir la inflamación?
  6. 06. Los omega 3 para reducir la inflamación
  7. 07. Preguntas frecuentes
  8. 08. Glosario
  9. 09. Referencias científicas

Lo que encontrarás en este artículo:

  • Qué es la inflamación y por qué puede volverse crónica
  • Cómo la inflamación crónica altera las hormonas y el ciclo menstrual
  • La relación directa entre SOMP (SOP) e inflamación
  • El impacto de la inflamación en la fertilidad
  • Estrategias concretas para reducir la inflamación: alimentación, estrés y movimiento
  • El papel de los omega 3 como aliados antiinflamatorios

Si ya has leído el artículo sobre los diferentes tipos de SOMP (SOP), sabrás que este síndrome puede agruparse en varias categorías en función de los síntomas que se experimentan. Si aún no lo has consultado, merece la pena hacerlo para comprender mejor este concepto :)

Uno de estos tipos, denominado SOMP (SOP) inflamatorio, resulta especialmente relevante en este artículo. En el origen de los síntomas de este tipo de SOMP (SOP) se encuentra una reacción inmunitaria natural: la inflamación.

La inflamación: una reacción inmunitaria

La acción del sistema inmunitario, encargado de defender al organismo frente a agresiones externas (virus, bacterias, inclemencias) e internas (células en fin de vida, tóxicos procedentes de la alimentación), se divide en varias líneas de defensa.

La primera línea de defensa está constituida por la piel, que actúa como escudo, por los diferentes microbiomas (las bacterias y hongos que alberga el organismo) y por el conjunto de secreciones que funcionan como barreras de protección.

La segunda línea de defensa está formada por un conjunto de reacciones bioquímicas entre las que se encuentra la inflamación.

La reacción inflamatoria normal

La inflamación forma parte del sistema inmunitario y es, por tanto, una reacción natural del organismo. Se desencadena como respuesta a una agresión, ya sea interna o externa. Esta reacción ayuda al cuerpo a eliminar los elementos patógenos (aquellos que pueden causar disfunciones) y contribuye a la reparación de los tejidos dañados (1).

La inflamación se desarrolla en 3 grandes etapas (1):

  • La detección: identificación de los intrusos y de los tejidos dañados, principalmente mediante sustancias generadas por estos.
  • La eliminación: las sustancias liberadas por los tejidos lesionados desencadenan una reacción física que provoca enrojecimiento, dolor y calor. En esta etapa intervienen células inmunitarias, enzimas y citoquinas para destruir a los agresores.
  • La reparación: una vez eliminados los intrusos, otras reacciones permiten reparar los tejidos dañados.

La reacción inflamatoria básica se denomina inflamación aguda, y tiene como objetivo desaparecer una vez eliminado el agente patógeno. Se produce a nivel de la piel, los músculos o las articulaciones, provocando dolores o irritaciones.

La inflamación puede manifestarse de forma tangible: dolor (lo más habitual), hinchazón, enrojecimiento, pero también de manera invisible a nivel interno. Según la localización de la inflamación, esta recibe distintos nombres fáciles de reconocer gracias a su sufijo en -itis: artritis (articulaciones), tendinitis, rinofaringitis (nariz), otitis (oído), etc.

Cuando esta reacción persiste a pesar de la desaparición del agresor y se prolonga en el tiempo, es lo que se conoce como la inflamación crónica.

La inflamación crónica

La inflamación crónica es una inflamación que persiste en el tiempo. Es señal de un sistema inmunitario debilitado, que ya no logra hacer frente a las agresiones (bien por su excesivo número, bien por el agotamiento de las capacidades de adaptación) o que se vuelve contra el propio organismo (enfermedades autoinmunes).

Hoy se sabe que la inflamación crónica está en el origen de numerosas enfermedades: enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer, enfermedades renales, enfermedades autoinmunes y degenerativas (2).

Pueden enumerarse varias causas posibles que conducen a la inflamación crónica:

  • Los «agresores» no desaparecen a pesar de la eficacia del sistema de protección: exposición prolongada a contaminantes, metales pesados, sustancias tóxicas.
  • El sistema inmunitario está debilitado, ya sea porque no consigue eliminar las amenazas, ya sea porque las propias células inmunitarias están dañadas.
  • El caso de las enfermedades autoinmunes: el sistema inmunitario comienza a atacar células sanas del organismo, generando inflamaciones crónicas.
  • Desequilibrios de la microbiota intestinal (presencia anormal de bacterias agresivas).
  • El estrés oxidativo (causado por la degradación de las células en moléculas inestables que el organismo tiene dificultades para eliminar), agravado por hábitos de vida como el tabaco, el alcohol, el sedentarismo, el sobrepeso o el estrés crónico (3).

La inflamación crónica, a diferencia de la inflamación aguda, puede pasar desapercibida incluso en un análisis de sangre. A menudo, la persona experimenta síntomas que no relaciona necesariamente con esta reacción inmunitaria:

  • Dolores crónicos: articulares, musculares, reglas dolorosas, dolores de cabeza.
  • Trastornos digestivos diversos: alternancia de diarrea y estreñimiento, heces pegajosas, dolores abdominales, hinchazón, gases.
  • Aumento de peso persistente, o por el contrario pérdida de peso.
  • Fatiga crónica.
  • Infecciones víricas recurrentes (afecciones «invernales» crónicas, candidiasis o infecciones urinarias de repetición).
  • Trastornos del estado de ánimo, depresión, ansiedad (2).

Esta inflamación crónica puede tener consecuencias negativas para la salud en general, pero también sobre el desarrollo del ciclo menstrual.

Relación entre inflamación y trastornos del ciclo menstrual

La reacción inflamatoria crónica puede incidir directamente en las hormonas femeninas.

En efecto, el equilibrio en la producción de las hormonas es frágil y puede verse fácilmente alterado por las condiciones de vida (estrés, alimentación, falta de actividad física). La inflamación puede interrumpir la comunicación entre las glándulas endocrinas (órganos productores de hormonas), en particular el páncreas, los ovarios, las glándulas suprarrenales y la tiroides.

Los estrógenos, hormonas sexuales secretadas en parte por los ovarios, tienen una relación particular con la inflamación crónica. Estas hormonas son de vital importancia para el funcionamiento global del cuerpo: participan en la función reproductiva, pero también resultan necesarias para el correcto funcionamiento de los sistemas cardiovascular y óseo, de la memoria y de la respuesta inmunitaria (4).

El papel de los estrógenos es bimodal: tanto la carencia como el exceso de estrógenos pueden favorecer la inflamación (4). Por eso es realmente importante encontrar el justo equilibrio y regular las hormonas para poder modular la respuesta inflamatoria.

El funcionamiento de los ovarios se ve especialmente afectado por la inflamación: los ovarios comienzan a producir en exceso testosterona (hormona masculina), en detrimento de los estrógenos, lo que tiene como efecto entorpecer el proceso natural de la ovulación (5). Es, por ejemplo, lo que ocurre en el caso del Síndrome de Ovario Poliendocrino Metabólico.

Los ciclos menstruales se ven entonces alterados: duración, ausencia de ovulación, dolores o flujos más abundantes, entre otros signos.

La insulina, la hormona encargada de reducir el nivel de azúcar en sangre, también se ve afectada negativamente por los fenómenos de inflamación crónica. La inflamación puede estar en el origen de una resistencia a la insulina, que hace que las células del cuerpo sean menos sensibles a esta hormona, lo que provoca un aumento de peso incontrolado. El páncreas se verá obligado a liberar más insulina para que la glucosa penetre en las células, pero las células se habrán vuelto cada vez más resistentes (5).

La insulina también participa en la degradación de las grasas tras la ingesta de alimentos. Cuando se produce en exceso, favorece un mayor apetito y la ganancia de peso (5). La grasa no eliminada se almacena entonces en las células adiposas (abdomen, muslos, glúteos), que a su vez liberan sustancias proinflamatorias: es el círculo vicioso.

Este exceso de insulina fomenta también la sobreproducción de hormonas masculinas implicadas en el desarrollo del SOMP (SOP). La causa se convierte en consecuencia y viceversa (5).

Relación entre el SOMP (SOP) y la inflamación

Los síntomas relacionados con el SOMP (SOP) pueden dividirse en cuatro categorías diferentes que permiten actuar mejor sobre los factores agravantes. Estos cuatro tipos son: el SOMP (SOP) insulinorresistente, el SOMP (SOP) suprarrenal, el SOMP (SOP) inflamatorio y el SOMP (SOP) tiroideo. También existe el llamado SOMP (SOP) pospíldora, que en realidad no es un SOMP (SOP) como tal, sino el resultado de la toma prolongada de hormonas sintéticas, lo que provoca un hiperandrogenismo temporal.

Hoy el foco está puesto en el SOMP (SOP) inflamatorio que, como su nombre indica, se ve principalmente agravado por el fenómeno de la inflamación. Como se ha visto anteriormente, numerosos mecanismos relacionados con el SOMP (SOP) son causados o agravados por la respuesta inflamatoria: resistencia a la insulina, producción excesiva de andrógenos y aumento de peso incontrolado, entre otros.

Varios estudios confirman la presencia en exceso de marcadores de inflamación en las mujeres con SOMP (SOP) (6). La investigación ha demostrado la influencia particular de los hábitos de vida en la expresión de los genes relacionados con el SOMP (SOP) y la inflamación crónica (7). Esto significa que los síntomas del SOMP (SOP) mejoran o empeoran según los hábitos cotidianos, el entorno en el que se ha crecido e incluso el lugar donde se vive.

El SOMP (SOP) de tipo inflamatorio también es sensible a la presencia de disruptores endocrinos en el entorno directo (alimentación, cosméticos, etc.). La inflamación crónica altera en este caso los receptores hormonales celulares, interrumpiendo así la ovulación. Asimismo, provoca un aumento de las hormonas del estrés, que a su vez incrementan la producción de andrógenos.

Este tipo de SOMP (SOP), al igual que el SOMP (SOP) suprarrenal, se ve agravado por el estrés crónico (tanto físico como mental). Para saber más sobre la relación entre el cortisol alto y cómo bajarlo, puedes consultar el artículo dedicado.

Los síntomas relacionados con esta inflamación crónica son: dolores de cabeza recurrentes, molestias digestivas, dolores articulares, acné inflamatorio (rojo y doloroso) y fatiga que persiste a pesar del descanso.

Impacto de la inflamación crónica en la fertilidad

La fertilidad en la mujer está estrechamente ligada a su ciclo ovulatorio y a su capacidad para producir una ovulación de calidad que permita una eventual fecundación. Diversos aspectos de la función ovárica, incluida la ovulación, pueden asimilarse a un proceso inflamatorio (8). Por eso el ciclo ovulatorio es especialmente sensible a la inflamación crónica, que puede alterar el proceso.

Estudios recientes han permitido comprender mejor la función ovárica y han aportado datos según los cuales diversos procesos que se producen en el ovario recuerdan a procesos inflamatorios. Varios mediadores de reacciones inflamatorias agudas parecen ser componentes importantes de la ovulación, de la formación del cuerpo lúteo (el folículo que ha liberado el óvulo dominante se transforma en cuerpo lúteo, que produce después la progesterona) y de la muerte de dicho cuerpo lúteo. Esto significa que, para ovular, es necesario que se produzca una reacción inflamatoria controlada.

Una inflamación crónica tendrá, por tanto, consecuencias negativas en la formación del óvulo y su liberación por parte del ovario. Esta alteración del proceso ovulatorio puede conducir a largo plazo a una infertilidad funcional.

Se han establecido varios vínculos entre inflamación crónica e infertilidad (9):

  • El riesgo de infertilidad es mayor en las condiciones marcadas por la inflamación, incluidas las infecciones crónicas, la endometriosis y el síndrome de ovarios poliquísticos.
  • La inflamación puede afectar al útero, al cuello uterino y a la placenta, alterando así la fertilidad.
  • Las mujeres infértiles sometidas a FIV que siguieron una dieta antiinflamatoria tendían a presentar tasas de embarazo exitoso más elevadas que las que no la siguieron.

¿Cómo reducir la inflamación?

Para aliviar los síntomas relacionados con un SOMP (SOP) de tipo más bien inflamatorio, existen varias vías de cambio que pueden ponerse en práctica: adoptar una alimentación antiinflamatoria, aprender a gestionar el estrés y ponerse en movimiento practicando regularmente una actividad física placentera.

El sistema digestivo como regulador de la inflamación

Los vínculos entre la alimentación y la inflamación crónica son innegables: los intestinos son la sede del sistema inmunitario y participan en primera línea en la eliminación de los intrusos que puedan esconderse en la alimentación.

En efecto, la mucosa del intestino participa activamente en la defensa del organismo. Su papel protector es múltiple:

  • La primera fuente de protección consiste en la presencia de células inmunitarias específicas denominadas enterocitos, cuya función es controlar la presencia de agentes patógenos potenciales en los restos de alimentos digeridos.
  • La segunda fuente de protección está representada por las uniones estrechas (tight junctions), que forman un cinturón alrededor de cada célula e impiden el paso de moléculas desde el sistema digestivo hacia la circulación sanguínea (10).
  • La tercera protección reside en la producción de moco que recubre las paredes del intestino y evita cualquier contacto directo con los microorganismos (virus, bacterias, hongos patógenos).
  • Y, por último, la cuarta protección está representada por la flora intestinal: un conjunto de virus, bacterias y hongos con los que el organismo cohabita a cambio de su contribución a su buen funcionamiento, regulando la presencia de gérmenes patógenos (11).

Sin embargo, ciertos alimentos denominados proinflamatorios debilitan la mucosa intestinal: es particularmente el caso de los cereales con gluten o de los productos lácteos, que contienen sustancias más difíciles de eliminar durante la digestión (prolaminas en el caso del gluten, caseína y lactosa en el de la leche).

En algunas personas, estas moléculas resultan aún más difíciles de gestionar, bien porque es algo genético (por ejemplo, no producen suficientes enzimas digestivas desde su nacimiento), bien porque han desarrollado una sensibilidad aumentada con el tiempo (debilitamiento del sistema digestivo relacionado con una alimentación demasiado rica en azúcares y grasas y pobre en buenos nutrientes).

Estas moléculas se acumulan a nivel de las uniones estrechas, generando una inflamación localizada para eliminarlas. Dicha inflamación puede deteriorar la barrera intestinal, haciéndola más permeable. Esta permeabilidad provoca un mayor paso de agentes patógenos y moléculas tóxicas a la sangre, lo que también aumenta la inflamación crónica (10).

Si has notado que sufres dolores, hinchazón abdominal o trastornos del tránsito (diarrea o estreñimiento) tras consumir ciertos alimentos, quizá se trate de una intolerancia alimentaria (que puede detectarse mediante pruebas médicas) o, al menos, de una hipersensibilidad alimentaria (no siempre detectable en los análisis). En ese caso, puede resultar útil excluir los alimentos causantes (cereales con gluten, productos lácteos) durante unas semanas para comprobar si hay mejoría en los síntomas.

Por otra parte, también es posible sufrir una intolerancia alimentaria al grupo de alimentos conocido como FODMAPS (oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables por la flora intestinal). Los FODMAPS son glúcidos (azúcares simples) de cadena corta presentes en numerosos alimentos habituales y que son perfectamente saludables. En algunas personas, estos azúcares son difícilmente absorbibles por el intestino delgado, lo que puede causar molestias e incluso dolores gástricos intensos después de las comidas. Esta intolerancia a los FODMAPS suele ser sinónimo de una patología denominada síndrome del intestino irritable (SII).

El hecho de excluir temporalmente estos alimentos y luego reintroducirlos de forma razonable puede contribuir a reducir la inflamación crónica y los posibles síntomas digestivos.

Mimar tu microbiota

Puesto que la flora intestinal (o microbiota) participa en la salud global, conviene cuidarla aportándole todos los nutrientes necesarios para su equilibrio y, en consecuencia, reducir los fenómenos inflamatorios digestivos (11).

Lamentablemente, las investigaciones han demostrado que las personas con SOMP (SOP) poseen una microbiota menos diversificada y potencialmente más propensa a los desequilibrios (12).

Estudios en roedores incluso han sugerido que el desequilibrio de la microbiota intestinal podría desempeñar un papel causal en el SOMP (SOP) y que las mejoras de la microbiota podrían ser una opción de tratamiento potencial (13).

Los alimentos que conviene priorizar para alimentar la microbiota son de dos tipos: los prebióticos (que van a nutrir la flora) y los probióticos (compuestos por bacterias beneficiosas para renovar temporalmente la flora).

La ciencia ha demostrado que una dieta pobre en prebióticos reduce la abundancia bacteriana de la microbiota intestinal (14), mientras que un aporte elevado podría mejorar su composición (15). Más aún, un estudio reciente sugiere que los prebióticos podrían mejorar la calidad del sueño tras un acontecimiento estresante (16).

Los alimentos ricos en prebióticos son las verduras (preferiblemente frescas y de temporada), por ejemplo: puerro, espárrago, tupinambo, alcachofa, salsifí, cebolla y remolacha (esta lista no es exhaustiva).

Las verduras ricas en fibra (por ejemplo, las espinacas, la remolacha, el brócoli o las coles de Bruselas) contribuyen a la salud de la microbiota intestinal y regulan el tránsito. La fibra participa en el control de la glucemia. Además, contribuye a la sensación de saciedad y, por tanto, a controlar mejor el apetito.

Los alimentos ricos en probióticos contienen «bacterias buenas» que equilibran la microbiota intestinal. Pueden consumirse, por ejemplo:

  • Kéfir o kombucha (bebidas fermentadas con gas).
  • Verduras lactofermentadas (en conserva), por ejemplo: chucrut, kimchi, col.
  • Yogures de coco.
  • Pepinillos en vinagre.
  • Miso.

La alimentación antiinflamatoria

El acompañamiento alimentario de los síntomas del SOMP (SOP) se centrará en la gestión de la inflamación crónica en dos tiempos: por un lado, conviene reducir los alimentos proinflamatorios: los cereales y harinas refinados, los platos precocinados, los dulces, bollería, postres y comida rápida, todos ellos muy ricos en azúcares y con un impacto perjudicial sobre la glucemia y la insulinemia. A esta lista pueden añadirse los aceites vegetales ultraprocesados, los excitantes (café, té, chocolate, alcohol), la carne roja y los embutidos. Para más detalle, puedes consultar el artículo sobre las bases de la alimentación adaptada al SOMP (SOP).

Por otro lado, conviene consumir más alimentos ricos en omega 3, ya que contribuyen a combatir la inflamación. Por ejemplo: consumir al menos 2 veces por semana pescado azul pequeño (caballa, sardinas, anchoas, bacalao) rico en omega 3. También puede aliñarse las ensaladas y platos calientes con 2 cucharadas soperas al día de un aceite vegetal ecológico de primera presión en frío rico en omega 3, a elegir entre: lino, cáñamo, camelina, nuez o colza.

Los efectos positivos de un aporte regular de omega 3 en las personas con SOMP (SOP) están respaldados por la investigación: mejora de la regulación de la glucemia, reducción de los marcadores de la inflamación y disminución de la producción de testosterona, entre otros (17). Si quieres profundizar, el artículo sobre alimentación antiinflamatoria puede resultarte muy útil.

Un aporte suficiente de agua de calidad también resulta recomendable para favorecer la eliminación de toxinas y moderar la respuesta inflamatoria. Se aconseja consumir de 1,5 a 2 litros de agua al día, priorizando un agua de mineralización débil (con un residuo seco inferior a 120 mg/l) (18).

La gestión del estrés y las emociones

Como se ha visto anteriormente, la inflamación forma parte de los mecanismos de defensa naturales. Cuando el organismo está sometido a un estrés prolongado, este provoca una sobreproducción de hormonas del estrés, en particular de cortisol, que desencadena un desbordamiento inmunitario.

Diversos estudios han relacionado el estrés con los procesos inflamatorios a nivel del sistema nervioso central y periférico (19). Por ello, es importante aprender a gestionar mejor el estrés y las emociones para atenuar los síntomas vinculados a la inflamación crónica. Si quieres saber más sobre cómo afecta el estrés a tus hormonas, puedes consultar el artículo sobre cortisol alto: síntomas clave y cómo bajarlo.

Una de las técnicas más utilizadas para la gestión del estrés es la respiración. La respiración es una actividad fisiológica que depende del sistema nervioso autónomo: es decir, en principio no requiere ninguna acción voluntaria. Sin embargo, la respiración debe adaptarse en todo momento según las necesidades de oxígeno del organismo, lo que se traduce en una modificación del ritmo y la frecuencia respiratoria en función de la actividad.

La respiración también puede ser controlada por el sistema nervioso voluntario: es posible modular la respiración según la voluntad cuando resulta necesario. Este vínculo entre respiración y sistema nervioso explica la importancia de las herramientas de regulación de la respuesta al estrés basadas en la modulación respiratoria.

Existen diversas técnicas para aprender a modular la respiración y, por tanto, influir en el nivel de estrés; por citar solo algunas: la coherencia cardíaca, la meditación de atención plena (mindfulness) o la relajación.

Las diferentes relajaciones dinámicas tienen la ventaja de centrarse en las sensaciones positivas del cuerpo. En cuanto a las visualizaciones creativas (imaginar situaciones, paisajes), ofrecen la posibilidad de desactivar los mecanismos mentales que perpetúan el estrés.

El deporte y la inflamación

La actividad física es un determinante fundamental del estado de salud y la calidad de vida a todas las edades. Está considerada como una terapéutica no farmacológica de pleno derecho en numerosas enfermedades crónicas (20).

Estudios han demostrado que, al aumentar la frecuencia de las actividades físicas, especialmente los ejercicios de cardio, se reducen los marcadores de la inflamación crónica (20).

La práctica de una actividad física moderada puede contribuir a combatir la inflamación, y esto desde tan solo 20 minutos de ejercicio (21). No es necesario realizar sesiones intensas de varias horas para notar los efectos de la práctica deportiva.

Otra investigación también ha demostrado que la práctica deportiva puede contribuir a regular la inflamación crónica al tiempo que facilita el control del peso (22), lo cual resulta especialmente interesante para las mujeres con SOMP (SOP) que presenten sobrepeso. Si quieres saber más sobre la relación entre aumento de peso inexplicable y hormonas, encontrarás información complementaria útil.

No obstante, la práctica deportiva intensiva (entrenamientos para competiciones, deportistas profesionales) puede tener efectos perjudiciales sobre el sistema inmunitario y estaría relacionada con una mayor inflamación (23). El estrés causado por los ejercicios de alta intensidad debilita el cuerpo, que a largo plazo puede mostrar dificultades para defenderse y provocar también carencias en micronutrientes (vitaminas, minerales).

La regularidad de la práctica vale más que una práctica demasiado intensa. Lo más recomendable suele ser una práctica regular, breve y sobre todo lúdica. Las actividades físicas más beneficiosas serán aquellas que proporcionen placer, que es la clave para mantener los hábitos de forma duradera.

Los omega 3 para reducir la inflamación

Como se ha visto anteriormente, es importante reducir los fenómenos inflamatorios en el marco de un abordaje de los síntomas del SOMP (SOP), especialmente en el caso de un SOMP (SOP) de tipo más bien inflamatorio. La alimentación tiene, por supuesto, un papel fundamental.

No obstante, puede ser pertinente combinar los aportes alimentarios de omega 3 con una suplementación en cápsulas de omega 3, en particular en EPA y DHA (17).

Los ácidos grasos omega 3 son necesarios para el desarrollo y el funcionamiento de la retina, el cerebro y el sistema nervioso. En el ámbito cardiovascular, los datos científicos muestran asimismo que el consumo de ácidos grasos omega 3 favorece:

  • Una disminución de la presión arterial en personas con hipertensión arterial.
  • Una reducción de la cantidad de triglicéridos en sangre, un tipo de lípido que, en exceso, contribuye al desarrollo de enfermedades cardíacas.
  • En personas con patologías cardiovasculares previas, una reducción de la morbilidad y la mortalidad cardiovascular (24).

Los EPA y DHA son las formas utilizables de omega 3 que se encuentran principalmente en los pescados azules pequeños (el cuerpo no necesita descomponerlos para aprovecharlos). Lamentablemente, en la mayoría de los casos, las mujeres con SOMP (SOP) tienen más dificultades para sintetizar estos omega 3 a partir de su alimentación, ya que son propensas, entre otras cosas, a carencias de vitaminas (del grupo B en particular), minerales, exceso de hormonas masculinas y de cortisol, y a resistencia a la insulina, que inhibe la conversión de los omega 3 de los alimentos en EPA y DHA. Para saber más sobre las carencias frecuentes, puedes consultar el artículo sobre complementos alimenticios y SOMP (SOP).

La toma de EPA y DHA como complemento de medidas de estilo de vida saludable ha dado lugar, según varios estudios, a:

  • Una mejora de la sensibilidad a la insulina.
  • Un mejor metabolismo de los lípidos con una reducción de los niveles de colesterol y, por tanto, una reducción del riesgo cardiovascular (17).
  • Una reducción del nivel de glucosa en sangre.
  • Una mejora del perfil hormonal (ciclos más regulares, calidad de la ovulación) (25).

La toma de un complemento alimentario a base de EPA y DHA resulta, por tanto, totalmente pertinente en el marco del seguimiento de un SOMP (SOP).

Las recomendaciones oficiales varían entre 1 y 4 gramos de omega 3 (combinación de EPA y DHA) al día. Suelen tomarse en forma de cápsulas de aceite, lo que representa generalmente tres cápsulas que se toman durante la cena para una mejor asimilación por el hígado durante la noche.

SOVA dispone de su propio complemento a base de omega 3, con omega 3 de alta calidad EPAX®, con un índice ToTOX = 8 y un alto contenido en EPA (800 mg) y DHA (600 mg) en solo 2 cápsulas.

 

En resumen, si sufres SOMP (SOP) inflamatorio, puedes reducir tus síntomas:

  • Adoptando una alimentación antiinflamatoria.
  • Mejorando la gestión del estrés y las emociones a través de la respiración, entre otras técnicas.
  • Practicando una actividad física regular (de baja intensidad).
  • Complementándote con omega 3.

Si necesitas ayuda para determinar tu diagnóstico o cómo abordar tus síntomas de forma natural, existen profesionales especializados (naturópata, dietista o nutricionista) que pueden acompañarte en el proceso.

Preguntas frecuentes

¿Se puede detectar la inflamación crónica con un análisis de sangre?

Sí, aunque la inflamación crónica de bajo grado no siempre se refleja en los análisis estándar. La prueba más útil es la PCR ultrasensible (proteína C reactiva de alta sensibilidad), que es mucho más precisa que la PCR convencional. Es recomendable solicitar específicamente esta prueba al profesional de salud.

¿Qué diferencia hay entre inflamación aguda y crónica?

La inflamación aguda es una respuesta puntual del sistema inmunitario ante una agresión concreta (herida, infección) y desaparece una vez resuelta la amenaza. La inflamación crónica, en cambio, persiste en el tiempo de forma silenciosa y puede estar provocada por factores como el estrés, la alimentación o desequilibrios de la microbiota.

¿Todas las mujeres con SOMP (SOP) tienen inflamación crónica?

No necesariamente todas presentan los mismos niveles de inflamación, pero la investigación ha demostrado que los marcadores inflamatorios se encuentran significativamente elevados en la mayoría de las mujeres con SOMP (SOP) en comparación con mujeres sin este síndrome (6). El grado de inflamación puede variar según el tipo de SOMP (SOP), el peso corporal y los hábitos de vida.

¿La alimentación antiinflamatoria puede sustituir un tratamiento médico?

La alimentación antiinflamatoria es una herramienta complementaria muy valiosa, pero no sustituye el seguimiento médico. Se recomienda trabajar con un profesional de salud que pueda adaptar el enfoque a cada situación particular.

¿Cuánto omega 3 conviene tomar si tengo SOMP (SOP)?

Las recomendaciones generales varían entre 1 y 4 gramos de omega 3 (EPA + DHA) al día. Conviene consultar con un profesional de salud para ajustar la dosis según las necesidades individuales. Tomarlos durante la cena favorece su asimilación.

 

Glosario

  • Andrógenos: hormonas masculinas (como la testosterona) presentes también en la mujer; en exceso, provocan síntomas como acné, hirsutismo o caída del cabello.
  • Citoquinas: pequeñas proteínas producidas por las células inmunitarias que regulan la inflamación y la comunicación entre células.
  • Cortisol: hormona del estrés producida por las glándulas suprarrenales; en exceso crónico, puede agravar la inflamación.
  • Cuerpo lúteo: estructura que se forma en el ovario después de la ovulación y que produce progesterona para preparar el útero.
  • Disruptores endocrinos: sustancias químicas presentes en el entorno que interfieren con el sistema hormonal.
  • Enterocitos: células especializadas del intestino que controlan la absorción de nutrientes y actúan como barrera inmunitaria.
  • Estrés oxidativo: desequilibrio entre la producción de radicales libres y la capacidad antioxidante del cuerpo, que daña las células.
  • Estrógenos: hormonas sexuales femeninas esenciales para la ovulación, la salud ósea y cardiovascular.
  • FODMAPS: grupo de azúcares de cadena corta (oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles) que pueden causar molestias digestivas en personas sensibles.
  • Glándulas suprarrenales: órganos situados encima de los riñones que producen cortisol, adrenalina y una parte de los andrógenos.
  • Hiperandrogenismo: exceso de hormonas masculinas en la mujer, responsable de síntomas como acné, hirsutismo o alopecia.
  • Inflamación aguda: respuesta inmunitaria rápida y temporal ante una agresión (herida, infección), que desaparece una vez resuelta la amenaza.
  • Inflamación crónica: estado inflamatorio persistente y de bajo grado que puede pasar desapercibido y contribuir al desarrollo de enfermedades.
  • Microbiota intestinal: conjunto de microorganismos (bacterias, virus, hongos) que habitan en el intestino y participan en la inmunidad y la digestión.
  • PCR ultrasensible: análisis de sangre que mide la proteína C reactiva con alta precisión para detectar inflamación crónica de bajo grado.
  • Prebióticos: fibras alimentarias que nutren las bacterias beneficiosas de la microbiota intestinal.
  • Probióticos: microorganismos vivos (bacterias beneficiosas) que, consumidos en cantidad adecuada, contribuyen al equilibrio de la flora intestinal.
  • Resistencia a la insulina: estado en el que las células responden peor a la insulina, obligando al páncreas a producir más cantidad de esta hormona.
  • SOMP (SOP): Síndrome de Ovario Poliendocrino Metabólico (antes conocido como Síndrome de Ovario Poliquístico), trastorno hormonal que afecta al ciclo menstrual, la fertilidad y el metabolismo.
  • TNF-α: factor de necrosis tumoral alfa, una citoquina proinflamatoria que regula la respuesta inmunitaria.
  • Uniones estrechas (tight junctions): estructuras que sellan el espacio entre las células intestinales e impiden el paso de sustancias nocivas a la sangre.

Referencias científicas

  1. INSERM. Inflammation et maladies: clés de compréhension. Dossier d'information. 2012. Disponible en: inserm.fr
  2. Furman D, Campisi J, Verdin E, et al. Chronic inflammation in the etiology of disease across the life span. Nat Med. 2019;25(12):1822-1832. PMID: 31806905. DOI: 10.1038/s41591-019-0675-0
  3. Pahwa R, Goyal A, Jialal I. Chronic Inflammation. StatPearls [Internet]. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; 2023. PMID: 29630225. Disponible en: NBK493173
  4. Kovats S. Estrogen receptors regulate innate immune cells and signaling pathways. Cell Immunol. 2015;294(2):63-69. PMID: 25400333. DOI: 10.1016/j.cellimm.2015.01.018
  5. González F. Inflammation in polycystic ovary syndrome: underpinning of insulin resistance and ovarian dysfunction. Steroids. 2012;77(4):300-305. PMID: 22178787. DOI: 10.1016/j.steroids.2011.12.003
  6. Abraham Gnanadass S, Divakar Prabhu Y, Valsala Gopalakrishnan A. Association of metabolic and inflammatory markers with polycystic ovarian syndrome (PCOS): an update. Int J Mol Sci. 2021;22(5):2734. PMID: 33800220. DOI: 10.3390/ijms22052734
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Aviso médico

La información contenida en este artículo tiene un propósito exclusivamente educativo e informativo. No constituye ni reemplaza el diagnóstico, consejo o tratamiento médico profesional. Consulta siempre con un médico o especialista calificado ante cualquier duda sobre tu salud o antes de iniciar cualquier cambio en tu alimentación, ejercicio o medicación.

Glosario
  • Folículo: pequeña bolsa contenida en el ovario, en cuyo interior se desarrolla un ovocito. = Folículo: pequeña bolsa contenida en el ovario, en cuyo interior se desarrolla un ovocito.
  • Quiste ovárico: cavidad rellena de líquido situada dentro o sobre el ovario, distinta de un folículo. = Quiste ovárico: cavidad rellena de líquido situada dentro o sobre el ovario, distinta de un folículo.
  • Resistencia a la insulina: estado en el que las células responden peor a la insulina, lo que empuja al páncreas a producir más. = Resistencia a la insulina: estado en el que las células responden peor a la insulina, lo que empuja al páncreas a producir más.
  • Hiperandrogenismo: exceso de hormonas masculinas (testosterona, DHEA) en sangre, que provoca acné, exceso de vello o caída del cabello. = Hiperandrogenismo: exceso de hormonas masculinas (testosterona, DHEA) en sangre, que provoca acné, exceso de vello o caída del cabello.
  • AMH (Hormona Antimülleriana): hormona producida por los folículos ováricos = AMH (Hormona Antimülleriana): hormona producida por los folículos ováricos

Referencias científicas

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